Rutas de la sabiduría comunitaria y concejil.
Caminos del buen gobierno y de la buena vecindad
Robles de Laciana (León)
Concejos y Carta Puebla
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En Robles de Laciana se convocan al menos cuatro o cinco concejos al año, como nos afirma Víctor Gutiérrez. “El primero para ver las cuentas, el segundo para cobrar el hogar y los aprovechamientos, el tercero para estar al día de lo que se está haciendo en el pueblo y el último para concluir de lo que se hizo en todo el año” describe Pepe Méndez. Este espacio de reunión facilita la comunicación entre los vecinos y el alcalde acerca de las necesidades de Robles.
Como afirma Armando Fernández “el concejo es donde se solucionan todos los problemas del pueblo”, donde, mediante el diálogo se consensúa entre todos las acciones a realizar para el bien de todos.
Gracias a los medios digitales que disponemos actualmente, es muy fácil convocar a los vecinos a concejo, pero en el pasado se hacía mediante el toque de campana o llamando de casa en casa, como afirma Benigna Prieto. “La campana de llamada a concejo era de bronce” describe Delmiro Prieto. Julián Álvarez, antiguo alcalde de Robles, menciona su desaparición, sospechando que fue a manos de un cura que la fundió.
En Robles de Laciana existe una “Carta Puebla”, un fragmento de un documento antiguo que refleja información acerca de los montes y los pastos. Santiago Fernández de Caleya resalta la necesidad de conocer las costumbres y protocolos de participación necesarios de conocer del entorno, resaltando la necesidad de diálogo entre vecinos que menciona Asunción González.
Facenderas, recursos locales y Aula Geológica
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Todos los vecinos han colaborado en construir y mantener lo que hoy conocemos como Robles de Laciana. Muchos otros vecinos como Armando Fernández se dedicaban a la mina en el pasado, por lo que convocaban las facenderas los domingos, que es cuando había más gente en el pueblo. Juntos, realizaron grandes obras como ensanchar las calles y adoquinar la plaza de la iglesia, como menciona Pepe Méndez.
También destacan la construcción de las escuelas, que hoy conocemos como el Salón del Pueblo y Aula Geológica. De esta última, José Francisco Fernández Gatón describe el gran trabajo que han llevado a cabo él y la vecindad de Robles para sacarlo adelante y como, a día de hoy, siguen apoyando.
Los aprovechamientos, o Licencia de Pastos como menciona Víctor Gutiérrez, es un aporte económico que los habitantes de Robles pagan al ayuntamiento para ir a buscar leña y hacer uso de los montes para sacar al ganado. Este es el resultado del esfuerzo compartido y el compromiso vecinal que, generación tras generación, ha sabido cuidar y sostener su territorio y su vida en común.
Las veceras
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En Robles de Laciana, hace muchos años, existía una vecera de cerdos o también llamados “gochos”. “Cada dueño los cerdos se turnaban para llevarlos al monte” destaca Benigna Prieto. Así, los reunían a todos en la zona baja del pueblo, lo que acabó dando el nombre del “Barrio de los gochos” a ese lugar en el pasado.
Por otro lado, había otras dos veceras que duraron más en el tiempo: la de ovejas y la de cabras. Cada una tenía su pastor y su recorrido, por lo que nunca se cruzaban, aclara Manuel Fernández. No obstante, con el tiempo ya no se encontraron más pastores, por lo que se turnaban los vecinos en sacar las veceras de ovejas y cabras, hasta que finalmente, como recuerda Julián Álvarez, acabaron desapareciendo.
Los vecinos de Robles de Laciana recuerdan cómo los campos, gracias a estas dos veceras, estaban limpios y libres de maleza. “No hay mejor desbrozadora que las cabras” destaca Manuel Fernández. En definitiva, las veceras fueron una forma práctica y compartida de organizar el ganado que, además de sostener la economía local, mantuvo los montes y los campos de Robles limpios durante generaciones.
Gestión del agua; prevención de incendios
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Rocío Méndez y Asunción González comentan documentos muy antiguos donde se especifica el reparto de horas de riego, entre otros datos de cuidado del territorio de Robles de Laciana. “Unos años te tocaba por la noche, otros años por el día, dependiendo de cómo se organizaba el rateo de un año para otro” recuerda Benigna Prieto.
Como Robles no tiene río, existe mucha preocupación entre sus habitantes de la organización del agua. “Cuando vino la minería, no quisimos explotar a cielo abierto por los daños que pudiera ocasionar con el agua” aclara Julián Álvarez. Es por ello que en Robles, hoy en día, podemos disfrutar de fuentes donde recoger agua para beber y cocinar. “Se arreglaron todas las fuentes para poder seguir disfrutando de ellas” remarca Pepe Méndez, recordando, junto con Víctor Gutiérrez, la construcción de unos pozos en los extremos del pueblo para la prevención de incendios. En el pasado, era obligatorio que estuvieran siempre llenos, por si algún día ocurría algún accidente. “Además, hace muchos años todos los techos de Robles eran de paja, por lo que había más riesgo aún de incendio”, menciona Manuel Fernández. Así, entre turnos de riego, fuentes cuidadas y decisiones colectivas para proteger el agua, Robles demuestra que la gestión del territorio ha sido, y sigue siendo, una responsabilidad compartida.
Calechos, filandones y otras celebraciones
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En el pasado, tras un día de trabajo en Robles de Laciana, los vecinos se reunían en las calles para comentar lo que les había ocurrido durante el día, noticias que hubieran en aquel momento… En definitiva, “charlar un poco antes de cenar” como dice Víctor Gutiérrez, “después de cenar, se hacía el filandón”.
Durante el filandón se jugaban a juegos, las mujeres cosían… incluso se cantaban coplas. “Con cualquier suceso que pasara en el pueblo o alrededores, se hacía una copla” recuerda Benigna Prieto.
Y es que la vecindad de Robles siempre ha estado muy unida. A día de hoy lo apreciamos con la “Asociación Cultural el Roble”, la cual dispone de un bar (situado encima del Salón del Pueblo) y de distintas actividades. “Para el pueblo la asociación significa mucho, porque somos todos socios” explica Luisa Cuesta. Es la gente joven quien la dirige, manteniendo la esencia de unión de Robles. “Una forma de verlo es en la Fiesta del Veraneante” menciona Delmiro Prieto. Y es que cada año, los vecinos tienen una fecha reservada en verano para unirse y festejar juntos pertenecer a Robles de Laciana.
Braña y Vaqueirada
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El ganado subía a braña de Robles de Laciana en primavera y bajaba después del verano. No obstante, los habitantes que no tenían lugar donde guardar sus animales durante el invierno, hacían más uso de la braña a lo largo del año. En la braña se encuentran las cabanas o cabañas, donde los brañeros y brañeras ataban y ordeñaban sus vacas. Después, cuando bajaban de la braña, comían frisuelos con chocolate, como recuerdan Manuel Fernández y Amelia Blanco.
Después del verano, bajaban el ganado de la braña a los praos de Robles y los vecinos festejaban juntos lo que antiguamente se conocía como “La Salga”. “La Salga de antes o la Vaqueirada de ahora” comenta Julián Álvarez. “La Vaqueirada es una fiesta muy bonita que celebramos en la braña. Allí la comida y la bebida saben distinto, mucho mejor” describe Víctor Gutiérrez. Entre la braña y el pueblo, el ganado marcaba el ritmo del año y reforzaba una forma de vida en la que trabajo y celebración iban siempre de la mano.
Candelario
Monleón
Robles de Laciana
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