Rutas de la sabiduría comunitaria y concejil.

Caminos del buen gobierno y de la buena vecindad

Candelario (Salamanca)

Las eras

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La vecindad de Candelario recuerda las eras del pueblo como espacios fundamentales de la vida cotidiana y social. 

Las “eras de arriba”, situadas en la parte alta, estaban destinadas principalmente a las labores agrícolas, como la trilla de cereales (trigo, cebada), donde los vecinos acudían con trillos y cosechas. Por su parte, las “eras de abajo” también cumplían esta función, aunque con el tiempo se convirtieron en un lugar de encuentro y juego para los jóvenes, que improvisaban allí sus partidos antes de la existencia de un campo de fútbol.

Más allá del trabajo, las eras eran un punto clave de convivencia. En verano, junto a la chopera cercana, los vecinos se reunían para pasear, bailar y lucir sus trajes, convirtiendo el lugar en un espacio festivo muy concurrido. Allí se celebraban bailes populares y eventos ligados a festividades como la Feria de San Mateo.

En las inmediaciones, entre las eras de abajo y la ermita, se encontraban antiguos corrales concejiles en la Plaza del Humilladero, utilizados tanto para encerrar ganado de otros pueblos como para actividades festivas, incluidas capeas. 

Con el paso del tiempo, estos espacios han cambiado de uso: las eras de arriba han quedado en desuso, mientras que las de abajo se han transformado en instalaciones deportivas y zonas de aparcamiento, reflejando la evolución del pueblo y sus costumbres.

La vecindad de Candelario destaca el importante papel que han tenido históricamente las asociaciones en la vida del municipio, como motor de solidaridad, desarrollo económico y cohesión social. Entre ellas sobresalían colectivos ligados a los oficios tradicionales, como la Sociedad de Canteros, Albañiles y Carpinteros, reflejo de la calidad de los profesionales locales y de una arquitectura basada en piedra, madera y forja.

También existieron iniciativas solidarias como la sociedad contra la triquinosis, que protegía a los vecinos ante pérdidas en la matanza, o la ayuda comunitaria entre ganaderos para repartir la carne en caso de enfermedad del ganado. A esto se sumaba la sociedad mutua de incendios, una de las más antiguas, que cubría a la mayoría del pueblo y contaba incluso con cuerpos de bomberos formados por los propios vecinos.

En el ámbito social y cultural, espacios como el Casino Obrero y el Casino de los Señores funcionaban como centros de encuentro, ocio y celebración, con cine, bailes y actividades festivas. Con el tiempo, este tejido asociativo ha seguido creciendo con asociaciones culturales, gastronómicas, de mayores, cazadores o AMPAs, manteniendo una alta participación vecinal.

Hoy, la vecindad subraya que Candelario conserva un tejido asociativo muy activo, en estrecha colaboración con el Ayuntamiento, que permite organizar gran parte de las actividades del municipio. Estas asociaciones no solo dinamizan la vida local, sino que también actúan como transmisoras de tradiciones, saberes, vocabulario y patrimonio, contribuyendo a preservar la identidad cultural de este pueblo serrano y su singular arquitectura.

Sociedades, asociaciones, participación vecinal

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La vecindad de Candelario destaca el importante papel que han tenido históricamente las asociaciones en la vida del municipio, como motor de solidaridad, desarrollo económico y cohesión social. Entre ellas sobresalían colectivos ligados a los oficios tradicionales, como la Sociedad de Canteros, Albañiles y Carpinteros. Su reflejo una arquitectura popular insignia del pueblo.

También existieron iniciativas solidarias como la sociedad contra la triquinosis, que protegía a los vecinos ante pérdidas en la matanza, o la ayuda comunitaria entre ganaderos para repartir la carne en caso que muriera alguna res. A esto se sumaba la sociedad mutua de incendios, una de las más antiguas, a la que pertenecía la  mayoría del pueblo y contaba incluso con cuerpos de bomberos formados por los propios vecinos.

En el ámbito social y cultural, espacios como el Casino Obrero y el Casino de los Señores funcionaban como centros de encuentro, ocio y celebración, con cine, bailes y actividades festivas. Con el tiempo, este tejido asociativo ha seguido evolucionando con asociaciones culturales, gastronómicas, de mayores, cazadores o AMPAs, manteniendo una alta participación vecinal.

Hoy, la vecindad subraya que Candelario conserva un tejido asociativo muy activo, en estrecha colaboración con el Ayuntamiento, que permite organizar gran parte de las actividades del municipio. Estas asociaciones no solo dinamizan la vida local, sino que también actúan como transmisoras de tradiciones, saberes, vocabulario y patrimonio, contribuyendo a preservar la identidad cultural de este pueblo serrano y su singular arquitectura.

Las regaderas. El pago del pueblo

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Los regantes de Candelario nos  describen el Pago del pueblo, uno de los 5 en los que se distribuye el municipio.  La regadera principal es un elemento clave en la organización del agua y la vida agrícola del casco histórico y sus cercanías. De esta acequia principal parten distintos ramales que abastecen huertas, praderas y zonas como las eras o el parque, regulando el riego de forma controlada antes de devolver el agua al río cuando no se utilizaba.

El uso del agua estaba cuidadosamente organizado mediante normas tradicionales. Existían los llamados “padrones”, que distribuían el riego por zonas y días concretos, garantizando que cada vecino recibiera su turno. Este sistema seguía un orden preciso, regando de abajo hacia arriba, y estaba supervisado por los “aguadores”, encargados de gestionar el reparto y evitar conflictos. Cada pago contaba con responsables o presidentes que velaban por el cumplimiento de las normas y resolvían posibles disputas.

Más allá del riego, la regadera tenía múltiples usos en la vida cotidiana: servía para limpiar el pueblo, para tareas domésticas cuando no había agua corriente y para actividades como la matanza. También existían lavaderos y pilas distribuidos por barrios, fundamentales especialmente en invierno.

El mantenimiento de la red era una tarea comunitaria, organizada mediante juntas y trabajos colectivos para limpiar y conservar las regaderas. Todo el sistema reflejaba una gestión comunal muy estructurada, basada en la colaboración vecinal y en un profundo conocimiento del entorno, que permitió aprovechar el agua de forma equitativa y sostenible durante generaciones.

El riego de huertas y prados

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Los regantes de Candelario describen un sistema tradicional de riego basado en la organización por “pagos”, como el de El Pradijón con la Poza de Fuente Romana, construida por sus antepasados para almacenar agua en épocas de escasez. Desde estos puntos, el agua se distribuye hacia praderas y huertas mediante regaderas y regatos, adaptando su uso según la temporada y la disponibilidad.

El funcionamiento se apoya en una gestión colectiva: los propios regantes se organizan para limpiar, mantener y reparar las infraestructuras, repartiendo tareas o aportando recursos económicos cuando es necesario. Antiguamente, figuras como los regadores o aguadores se encargaban de distribuir el agua, siguiendo turnos establecidos en función de la superficie de cada finca.

El sistema destaca por su precisión y conocimiento del territorio, regulando caudales mediante elementos como sifones o compuertas, y ajustando los tiempos de riego para optimizar el agua y evitar daños en la tierra. 

Los regantes subrayan que esta red, históricamente bien organizada y constituída administrativamente a mediados del siglo XX, ha permitido mantener el equilibrio del paisaje y el ecosistema. Sin embargo, advierten de su progresivo deterioro debido a la disminución de usuarios, reivindicando la importancia de conservar estas formas de gestión comunitaria del agua.

Las hojas del monte

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Los vecinos de Candelario recuerdan cómo el monte y sus recursos han sido tradicionalmente de uso comunal, organizados mediante sistemas como “las hojas”, que permitían el aprovechamiento de los pastos.

Los ganaderos compartían estos espacios, ajustando el uso según el tipo y número de animales, en un modelo basado en la colaboración y el equilibrio.

La gestión del ganado también respondía a formas colectivas: cabras, vacas u ovejas podían agruparse bajo el cuidado de pastores, mientras que otras prácticas, como el aprovechamiento de cerdos o el uso de la dehesa, formaban parte de la vida cotidiana. Sin embargo, la transformación del monte —especialmente con la plantación de pinares— redujo los pastos disponibles y provocó un descenso significativo de la actividad ganadera.

En paralelo, la caza ha pasado de ser un aprovechamiento libre a un sistema regulado mediante cotos, donde los vecinos organizan, controlan y gestionan las especies, el territorio y los permisos en coordinación con las administraciones. Este modelo busca equilibrar la actividad cinegética, la conservación del entorno y el impacto económico en el municipio.

Los vecinos destacan que, aunque estas estructuras han evolucionado con el tiempo, siguen siendo fundamentales para la gestión del monte, la convivencia y el mantenimiento del territorio, combinando tradición, regulación y colaboración comunitaria.

La Dehesa

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En  Candelario recuerdan que la dehesa fue tradicionalmente un espacio de aprovechamiento comunal, donde el ganado se gestionaba mediante turnos estacionales bien definidos, desde la primavera hasta finales del verano. Cada vecino llevaba sus animales en función de su capacidad y contribuía económicamente según el número de cabezas, bajo la supervisión del Ayuntamiento.

Este sistema no solo regulaba el uso de los pastos, sino que también formaba parte de la vida social del pueblo, con encuentros colectivos, comidas y tradiciones asociadas, como la selección de reses para festejos. La organización del espacio diferenciaba zonas según el tipo de ganado y contemplaba prácticas para su cuidado, incluyendo la vigilancia frente a depredadores como el lobo.

Con el tiempo, la gestión comunal ha evolucionado hacia un modelo de subasta pública, donde el aprovechamiento de pastos y madera se adjudica al mejor postor, aunque este sistema sigue generando beneficios para el municipio.  

Loa pérdida de formas tradicionales de organización y de oficios ligados al campo, sin embargo, plantea retos para los pueblos y en general para la sociedad. En este contexto, destacan la necesidad de replantear el futuro del medio rural, señalando que la desaparición de pequeños ganaderos y agricultores dificulta mantener el medio. Consideran fundamental recuperar modelos que favorezcan el equilibrio entre sostenibilidad, economía local y conservación del territorio.

Candelario

(Salamanca)

Monleón

(Salamanca)

Robles de Laciana

(LEÓN)

Sosas de Laciana

(LEÓN)

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