Rutas de la sabiduría comunitaria y concejil.
Caminos del buen gobierno y de la buena vecindad
Candelario (Salamanca)
El riego de huertas y prados
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Los regantes de Candelario describen un sistema tradicional de riego basado en la organización por “pagos”, como el de El Pradijón con la Poza de Fuente Romana, construida por sus antepasados para almacenar agua en épocas de escasez. Desde estos puntos, el agua se distribuye hacia praderas y huertas mediante regaderas y regatos, adaptando su uso según la temporada y la disponibilidad.
El funcionamiento se apoya en una gestión colectiva: los propios regantes se organizan para limpiar, mantener y reparar las infraestructuras, repartiendo tareas o aportando recursos económicos cuando es necesario. Antiguamente, figuras como los regadores o aguadores se encargaban de distribuir el agua, siguiendo turnos establecidos en función de la superficie de cada finca.
El sistema destaca por su precisión y conocimiento del territorio, regulando caudales mediante elementos como sifones o compuertas, y ajustando los tiempos de riego para optimizar el agua y evitar daños en la tierra.
Los regantes subrayan que esta red, históricamente bien organizada y constituída administrativamente a mediados del siglo XX, ha permitido mantener el equilibrio del paisaje y el ecosistema. Sin embargo, advierten de su progresivo deterioro debido a la disminución de usuarios, reivindicando la importancia de conservar estas formas de gestión comunitaria del agua.
Las hojas del monte
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Los vecinos de Candelario recuerdan cómo el monte y sus recursos han sido tradicionalmente de uso comunal, organizados mediante sistemas como “las hojas”, que permitían el aprovechamiento de los pastos.
Los ganaderos compartían estos espacios, ajustando el uso según el tipo y número de animales, en un modelo basado en la colaboración y el equilibrio.
La gestión del ganado también respondía a formas colectivas: cabras, vacas u ovejas podían agruparse bajo el cuidado de pastores, mientras que otras prácticas, como el aprovechamiento de cerdos o el uso de la dehesa, formaban parte de la vida cotidiana. Sin embargo, la transformación del monte —especialmente con la plantación de pinares— redujo los pastos disponibles y provocó un descenso significativo de la actividad ganadera.
En paralelo, la caza ha pasado de ser un aprovechamiento libre a un sistema regulado mediante cotos, donde los vecinos organizan, controlan y gestionan las especies, el territorio y los permisos en coordinación con las administraciones. Este modelo busca equilibrar la actividad cinegética, la conservación del entorno y el impacto económico en el municipio.
Los vecinos destacan que, aunque estas estructuras han evolucionado con el tiempo, siguen siendo fundamentales para la gestión del monte, la convivencia y el mantenimiento del territorio, combinando tradición, regulación y colaboración comunitaria.
Candelario
Monleón
Robles de Laciana
Sosas de Laciana
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