Rutas de la sabiduría comunitaria y concejil.
Caminos del buen gobierno y de la buena vecindad
Monleón (Salamanca)
Organización Concejil
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Ante el toque de campana todo el pueblo acude a la plaza o al salón del ayuntamiento para dialogar acerca de las necesidades del pueblo. Un día intentaron bajar la campana para restaurarla y, por accidente, se cayó. Hortensia narra la historia de cómo la escondieron a los ojos del cura del pueblo. El Ayuntamiento organiza estos espacios de reunión entre los vecinos y son los vecinos quienes opinan para llegar a los acuerdos. Como dice Alipio «los mejores acuerdos surgen a través de las discrepancias», así que, tras debatir prioridades, se deciden los oficios a realizar en el pueblo.
Estas decisiones consensuadas entre los habitantes del pueblo lograron grandes beneficios para sí y sientan bases en la actualidad de Monleón, cuenta Susana Moya. Y a estos recuerdos los acompañan los bastones de mando, de los cuales sólo se conserva uno de los dos que había: el de juez y el del alcalde. Estas reliquias de gobernanza se pasaban de unos a otros según se relevaban estos cargos.
Igual que la trompeta, que la poseía el alguacil o alguacila del pueblo. La madre de Eusebio ocupó este cargo muchos años, por lo que él recuerda cómo ella echaba el pregón (o el bando) según las necesidades del Ayuntamiento. A través de estos comunicados, se informan a los vecinos acerca de los oficios a realizar en Monleón. El vecino Juan García y, el ex alcalde y juez, Juan María de Ávila Díaz nos mencionan algunos de los oficios realizados que conforman la unidad del pueblo: el empedrado de las calles, la limpieza de las regaderas, la apertura del teleclub… Reflejando que Monleón es un pueblo que no para de crecer a través de la colaboración y la confianza de sus vecinos.
Oficio Concejo
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Son los habitantes del pueblo quienes conforman lo que hoy es Monleón, a través de la participación en la toma de decisiones y el trabajo en conjunto. El Ayuntamiento era quien organizaba a las personas para atender aquello que el pueblo necesitaba: limpiar los caminos, arreglar las alambradas…
Eso sí, había un trabajo que se realizaba todos los años: la construcción de los puentes que cruzan el río. Venían las “crecidas” y se llevaba los puentes. Isabel Rosa nos explica que las crecidas son las grandes cantidades de agua que bajan por el río en invierno. Así, los vecinos tenían que reconstruir los puentes cada año.
Y tras cada trabajo realizado por el bien de Monleón, el ayuntamiento obsequiaba a los vecinos con un poco de vino. Evaristo y Florencia recuerdan unos vasos de plata que a día de hoy no se conservan, pero se utilizaban para repartir la bebida entre los presentes. Además, si alguno no bebía, se lo bebía otro, como recuerda María Paz Díaz con gracia.
Veceras y Rebaños
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La campana en Monleón también se usa para llamar a las veceras. “Cada mañana es un toque de campanas” dice María Paz Díaz “una para el borriquero, dos para el porquero, tres para el cabrero, y para la vaca era el toque de un cuerno”. Según el toque de campana, cada vecino ya sabía a dónde debía llevar a su ganado para que se lo llevaran a pasear. Y es que había de todo, como nos cuenta Domingo Pablo Hernández: pastor de las ovejas, cabrero de las cabras, borriquero de los burros, vaquero de las vacas… Hasta que poco a poco fueron los propios vecinos quienes se hacían cargo de los animales mediante una lista, “la duda”, que indicaba el orden por el cual debían turnarse cada vez.
De este modo, paseaban el ganado por los terrenos que rodean el casco urbano: por la dehesa y por el monte. La dehesa es un amplio terreno propiedad de Monleón. El monte está gestionado comúnmente por los vecinos, en el cual siembran “la hoja”. Esta se utiliza para que el suelo donde están los animales se mantenga seco. Así, como nos cuenta Paco Sánchez Redondo, el ganado hace sus necesidades sobre ese mismo suelo cubierto por hojas secas, por lo que pueden aprovecharlo como abono para los huertos.
Corral del toro y otros corrales
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El actual bar “El Corral del Toro” de Monleón le debe su nombre a su antiguo uso: era un espacio reservado para el toro semental del pueblo. En efecto, había un toro o dos, comprados por el ayuntamiento según las necesidades de la comunidad, para todas las vacas del pueblo. Y ese no era su único espacio, sino que también podía disfrutar de un terreno para pastar, llamado el “Prao del Toro”. De allí, según nos narra Isabel Rosa García Benito, también se obtenía la hierba para el consumo del toro, la cual segaban y secaban para él y poder darle alimento durante el invierno.
No solo eran los toros los que disfrutaban de un corral para sí, también las cabras tenían una zona reservada, pero creado con otra intencionalidad. “Las cabras a veces se juntaban con las ovejas y, como solían crear problemas, se hizo el Corral de las Cabras”, nos cuenta Juan María de Ávila Díaz.
También los burros, las ovejas y los cerdos podían acceder a un lugar para sí, aunque compartido: el Corral de Concejo. Este lugar multifuncional guarda a los animales según las necesidades de cada momento y es, como remarca Evaristo de Arriba Gómez, donde además, realizan el marcaje del ganado.
La Dehesa y el Hornazo;
La Era y las Celebraciones
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Al casco urbano de Monleón lo rodean varios terrenos comunales, entre ellos la dehesa. Allí sube el ganado el día 3 de mayo (en la Fiesta de la Cruz) hasta septiembre para disfrutar del pasto de este monte. “Se guarda el ganado y lo vuelven a sacar en el día de “La Pura” para aprovechar el terreno” remarca Juan García García.
La dehesa es también un lugar de celebración: el lunes de Pascua celebran allí el Hornazo de los niños. “Llevan el hornazo, una tortilla y otras otras cosas ricas para allí”, como cuenta Isabel Rosa García Benito. Ese día se juntaban las familias temprano a pasar el día y por la tarde bajaban a descansar en sus casas.
Y no sólo se celebra en la dehesa, también en la era. Isabel Alonso nos cuenta los usos y el como trillaban: “se echaban los haces, se hacían las hacinas y se desparramaban antes de meter las vacas y los trillos” explica, “primero triaban las algarrobas, luego el centeno y por último el trigo”.
Jose Antonio Gómez Rodríguez cuentan que también a la “Calva” compitiendo con otros pueblos, en La Puerta la Villa. Pero son ya estrofas de la próxima canción.
Candelario
Monleón
Robles de Laciana
Sosas de Laciana
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