Rutas de la sabiduría comunitaria y concejil.
Caminos del buen gobierno y de la buena vecindad
Sosas de Laciana (León)
Facenderas, la Huelga y el Hogar
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Facendera es el modo de llamar a los trabajos que hacían en común los vecinos. La vecindad de Sosas nos cuenta cómo se organizaban, quién tenía qué responsabilidades y cómo se distribuían las tareas si había alguna facendera que no afectaba a todo el pueblo.
Entre las facenderas destacan las que hacían para las regaderas y presas generales, la limpieza de los caminos o la retirada de la nieve.
Había además aportaciones económicas de todos los vecinos como el pago de “el hogar” por el que obtenían derechos elementales a leñas, agua de las fuentes y, en general, habitar la localidad.
Ese espíritu del trabajar en común se ha convertido en lema “Faciendo pueblo” como forma de complementar a la administración, muchas veces lenta, y como vía para aumentar la autoestima, apelando a la capacidad de hacer. También de hacer futuro.
El riego y las partijas
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En el pueblo de Sosas de Laciana la gestión del agua ha estado organizada históricamente de forma comunitaria, precisa y muy respetada por toda la vecindad.
Los documentos importantes se guardaban en el arca del pueblo, donde se conservaba la “partija” de riego, un registro detallado que establecía el turno de agua de cada finca según su tamaño. Este sistema, vigente desde hace más de un siglo, asignaba días y horas fijas a cada vecino, garantizando un reparto equitativo y evitando conflictos.
El riego se organizaba a través de distintas fuentes y canales que recorrían el pueblo, distribuyendo el agua de forma escalonada desde las zonas más altas hasta las más bajas. Cada finca tenía un tiempo concreto —calculado en función de su superficie— y el aprovechamiento del agua exigía puntualidad y atención constante para no perder el turno.
La “partija”, ordenaba los turnos y resolvía posibles problemas. No sólo regulaba el uso del agua, sino que también tenía un valor legal y comunitario: sirvió como prueba en conflictos judiciales y ayudó a consolidar derechos históricos sobre el agua.
Con el paso del tiempo, el trabajo se ha concentrado en menos personas, lo que ha aumentado la carga individual, aunque la mecanización ha ayudado a sostener el sistema. Aun así, el riego sigue considerándose una práctica casi sagrada, basada en el respeto mutuo, la organización colectiva y el compromiso de la vecindad por mantener un recurso esencial para la vida del pueblo.
De la braña a la lechería; Salga, Recha y Fiesta de la Manteiga
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La vida en la braña y la actividad ganadera estaban profundamente ligadas a las tradiciones, el trabajo diario y la convivencia de la vecindad.
La subida a la braña marcaba el ritmo del año, especialmente desde la primavera hasta que llegaban las primeras nieves. Allí, el trabajo era constante: ordeñar, limpiar las cuadras, cuidar el ganado y aprovechar los recursos disponibles. Estas tareas, muchas veces realizadas por las mujeres, formaban parte de una rutina exigente pero también compartida.
En Sosas de Laciana, la vida en la braña no era solo trabajo, sino también convivencia. “La salga”, celebrada el día antes de San Juan, reunía a la vecindad en una cena y fiesta con música y baile, reforzando los lazos comunitarios.
La transformación de la leche fue otro pilar fundamental. Desde métodos tradicionales, como el uso de fuentes frías para obtener la nata y hacer la manteca, hasta la creación de la lechería comunal “La Popular” que organizaba la recogida, transformación y venta de la manteiga. Esta lechería, impulsada por el propio pueblo, tuvo una gran importancia económica y social, generando recursos y dinamizando la vida local.
Con el tiempo, esta tradición ha dado lugar también a iniciativas culturales como la recuperación de la lechería o la celebración de la fiesta de la manteiga con el reparto de “La recha”.
En conjunto, la vecindad de Sosas de Laciana construyó un modelo basado en el aprovechamiento sostenible, el trabajo compartido y la transmisión de saberes, donde la ganadería y la lechería fueron claves para la vida y el desarrollo del pueblo.
Concejos y Derechos:Devesa, Montes Comunales y Palo de la Esquisa
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En el pueblo de Sosas de Laciana la organización comunitaria se articulaba en torno al concejo y al uso compartido de los recursos, con una fuerte implicación de toda la vecindad.
Las reuniones se convocaban casa por casa, ya que no había otros medios de comunicación, y en cada barrio una persona —normalmente una mujer— se encargaba de avisar. En el concejo se tomaban decisiones que todos respetaban, con la participación directa o representada de cada familia. Lo acordado tenía un carácter firme y vinculante para el conjunto del pueblo.
En Sosas de Laciana, la gestión de los recursos comunales como la madera, la piedra o el monte se hacía de forma organizada y solidaria. La madera de la devesa servía tanto para obras públicas, como la reparación de puentes, como para necesidades particulares, adaptando la ayuda según la situación económica de cada familia. También se regulaba el acceso a materiales y se rendían cuentas al conjunto de vecinos.
El control del territorio y del ganado era otra responsabilidad compartida: Hace tiempo los vecinos se turnaban para vigilar los montes y evitar la entrada de animales de otros pueblos, utilizando elementos como el “palo de la esquisa” que se iba pasando de casa en casa. En la actualidad los cerramientos de los montes ha sido clave para mejorar la gestión ganadera y evitar pérdidas.
La vecindad de Sosas de Laciana mantiene así un sistema basado en la cooperación, la equidad y el aprovechamiento sostenible de los recursos comunales. Esta organización permite sostener la ganadería y la vida en el pueblo, apoyándose en derechos históricos y en un fuerte sentido de comunidad.
Veceras y Chozos
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En Sosas de Laciana la gestión del ganado ovino y caprino se organizaba de forma comunal, con una fuerte implicación de la vecindad tanto en el trabajo como en el sostenimiento del sistema.
Reunían a los rebaños de los distintos barrios para subir juntos al monte bajo la guía de los pastores. Estos pastores eran sostenidos por los propios vecinos: cada familia contribuía en función del número de animales, tanto en dinero como en turnos de ayuda, alojamiento y manutención.
El sistema implicaba también apoyo directo en momentos clave, como la época de partos, cuando la vecindad acudía a ayudar según correspondiera. Además, periódicamente se hacían cuentas colectivas para pagar el trabajo del pastor de manera equitativa.
El pastoreo cumplía una función esencial más allá de la producción, ya que mantenía el monte limpio, reduciendo la maleza y ayudando a prevenir incendios. Esta labor, antes extendida por la abundancia de ganado, hoy se ha reducido, lo que refuerza la idea de su importancia para el equilibrio del territorio.
La organización incluía también infraestructuras como chozos y corrales, preparados por los vecinos para el uso de los pastores, y el aprovechamiento del territorio mediante acuerdos como el arrendamiento de pastos a rebaños trashumantes, que aportaban beneficios como el abonado natural de los prados.
En conjunto, la vecindad de Sosas de Laciana mantenía un modelo basado en la cooperación, el reparto justo de responsabilidades y el aprovechamiento sostenible del monte, donde la ganadería era clave tanto para la economía como para el cuidado del entorno.
Candelario
Monleón
Robles de Laciana
Sosas de Laciana
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