Rutas de la sabiduría comunitaria y concejil.
Caminos del buen gobierno y de la buena vecindad
Monleón (Salamanca)
Organización Concejil
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La organización concejil de Monleón se basaba en la participación directa de las vecinas y vecinos, convocados por el toque de campana para reunirse en la plaza o en el ayuntamiento. Allí se compartían opiniones, se debatían necesidades y se tomaban acuerdos de forma colectiva, asumiendo que las discrepancias formaban parte del proceso y ayudaban a alcanzar decisiones más justas y consensuadas.
Así se organizaba la vida del pueblo: la gestión de los bienes comunes, el cuidado de los caminos, los espacios de encuentro y las responsabilidades de cada uno. La memoria de estas prácticas refleja una fuerte cultura de cooperación, respeto y apoyo mutuo, que sigue siendo una referencia valiosa para pensar el presente y el futuro de la vida en comunidad.
Oficio Concejo
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El oficio de concejo fue durante décadas la base del trabajo comunitario en Monleón. Ante la falta de recursos económicos, las vecinas y vecinos se organizaban para realizar de forma colectiva las tareas necesarias para el mantenimiento del territorio y los bienes comunes. El Ayuntamiento coordinaba los turnos, pero eran las propias personas del pueblo quienes empedraban calles, arreglaban caminos, limpiaban regaderas, levantaban muros, reparaban alambradas o construían puentes con los materiales disponibles.
Este trabajo comunal se extendía también a la gestión del agua, los montes, los pastos y otros espacios y edificios de uso colectivo. Tras las jornadas de trabajo, el concejo se cerraba como un espacio de convivencia, donde se pasaba lista y se repartía vino entre quienes habían participado. Con el paso del tiempo y los cambios económicos y sociales, esta forma de organización fue perdiendo peso, aunque permanece en la memoria como un ejemplo de cooperación, solidaridad y responsabilidad compartida en la vida del pueblo.
Veceras y Rebaños
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Las veceras y los rebaños formaban parte de una organización comunal muy estructurada, que regulaba el cuidado del ganado y el aprovechamiento de los recursos del territorio. El toque de campana marcaba cada mañana el inicio de la jornada y servía para indicar qué animales debían salir y quién se encargaba de su cuidado. En la plaza se reunían los rebaños y, bajo la supervisión de pastores, cabreros o vaqueros, se dirigían a los pastos comunes según la época del año y alimento disponible.
Esta organización se sostenía mediante acuerdos colectivos: el Ayuntamiento y los ganaderos gestionaban los montes, la dehesa y otros espacios comunales, mientras que los gastos se repartían entre quienes tenían animales. Cuando ya no era posible contar con una persona fija, se organizaban turnos entre los vecinos para asumir la tarea. Junto al pastoreo, el uso compartido de la hoja y otros recursos cerraba un ciclo de aprovechamiento ligado a la agricultura y la ganadería.
Corral del toro y otros corrales
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El antiguo corral del toro, situado donde hoy se encuentra el bar con el mismo nombre, era un espacio de uso común en el que se alojaban los toros sementales adquiridos por el Ayuntamiento para dar servicio a todas las vacas del pueblo. Su mantenimiento, la alimentación y el trabajo del vaquero se sostenían de forma compartida, según el número de animales de cada vecino.
Junto a este espacio existían otros corrales comunales destinados a cerdos, ovejas, burros o cabras, que permitían organizar el ganado, identificarlo y resolver situaciones como la pérdida de animales. En ellos se realizaban también tareas colectivas, como el marcado de reses o el aprovechamiento de la hierba y los prados reservados para el uso común.
La Dehesa y el Hornazo;
La Era y las Celebraciones
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La dehesa es un espacio comunal fundamental para el aprovechamiento del ganado, regulado por fechas y normas compartidas. Con la llegada de la primavera, las vacas —y en ocasiones también las ovejas— se llevaban a pastar siguiendo un calendario marcado por el ciclo del año y las festividades, permaneciendo allí hasta el final del verano. Este uso organizado permitía cuidar los animales y repartir de forma equilibrada los recursos del territorio.
Junto a la actividad ganadera, los espacios comunes eran también lugares de encuentro y celebración. El hornazo de Pascua reunía a niños, jóvenes y familias en la dehesa, mientras que la era del pueblo acogía bailes, juegos y las labores agrícolas, como la trilla del cereal, realizada de manera colectiva y manual. Trabajo, fiesta y convivencia se entrelazaban así en una vida comunitaria en la que los bienes y los tiempos eran compartidos por todo el pueblo.
Abres
Páramo
Bandujo
Parres
Caleao
Poreñu
Lastres
Sosas
Lledías
Somao
Robles
Taja
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